
Después del vuelo y la gestión de la estancia, comenzamos nuestro primer día con la visita a la zona norte. Nos desplazamos desde Costa Teguise hasta nuestra primera visita del día a los Jameos del agua, una maravilla de la naturaleza retocada virtuosamente por la mano de Cesar Manrique. Dentro de las instalaciones visitamos también un museo, recién inaugurado, dedicado a la actividad volcánica en la isla.

Después de esta maravillosa visita, hacemos intento de visitar la Cueva de los Verdes, pero por las fechas y la hora no es posible debido a la aglomeración y falta de personal (destinados a las elecciones).
Decidimos entonces alterar el orden de visitas para ir primero al Mirador del Rio, un espléndido lugar en forma de atalaya donde contemplar la cercanía del archipiélago Chinijo con la isla La Graciosa como principal en la que se puede contemplar una población ubicada en plena playa y con su puerto integrado al que llega un ferry desde Órzola.

Después des esta maravillosa vista desde el mirador, volvemos de camino en busca de la merecida comida y en un cruce de carreteras secundaria encontramos un restaurante grill con muy buena pinta, que decidimos probar y que mereció la pena.
Con el estomago lleno bajamos ahora por nuestros pasos para retomar la visita de la Cueva de los Verdes. En este momento la afluencia de público es mucho más reducida y solo tenemos que esperar unos minutos para dejarnos guiar por un tubo volcánico de recorrido total unos 7 km, del que completaremos 1 km. En este recorrido podemos ver las estratificaciones del flujo de lava que fluyó hace unos 20.000 años y llegamos hasta un magnífico auditorio con una acústica excepcional debido a su composición de basalto, mineral poroso que absorbe el sonido. No cuentan que se celebran varios conciertos al mes. Podemos contemplar también el secreto mejor guardado de la cueva, que nos dejó estupefactos.

El segundo día en Lanzarote decidimos seguir explorando la parte Norte de la Isla comenzando nuestra visita en «El jardín de los Cactus» obra también de César Manrique en Lanzarote donde según información acoge 4.500 ejemplares. Es un paraje rehabilitado por el artista donde de nuevo integra el arte y la Naturaleza en plena fusión con el paisaje de la isla, empleando elementos decorativos y esculturas con minerales basálticos y volcánicos de la zona. El resultado es espectacular, con un enclave, en diferentes alturas por donde pasear y disfrutar de la gran variedad de especies y con distintas perspectivas. En la parte alta se puede disfrutar de un pequeño Restaurante y de la visita al interior de un molino de viento que no deja de ser un guiño más del sello del artista a la vida local.

A continuación decidimos dirigirnos a la «Ciudad estratificada- Rofera Teseguite» en la carretera que va de Guatiza a Teseguite, la LZ 404, donde disfrutamos de formas sinuosas, imposibles y propias de una vida en otros planeta, producto de la erosión natural y de la utilización del rofe o arena volcánica que los agricultores utilizan para los cultivos como forma de protegerlos del sol y retener la humedad atmosférica. Es un paisaje auténticamente lunar.

Probamos en el Restaurante «La Casa de la Playa» que nos habían recomendado para comer un buen pescado. Como llegamos muy pronto pudimos reservar una de las últimas mesas que quedaban y aprovechamos para darnos un bañito en la misma playa a pie del Restaurante,»playa punta mujeres» con su arena negra y sus rocas y un agua cálida con muchas olas que hace nuestras delicias y sobre todo de David. Tras un estupendo baño comemos un os ricos langostinos a la sal, unas croquetas de pescado, una puntillitas , un delicioso pescado «Sama» y David un entrecot, todo muy muy rico, disfrutando de las vistas del mar.

Tras la comida nos dirigimos a conocer la famosa «playa de Famara», justo en la zona norte también de la isla,pero en el otro lado. En el camino pasamos por Teguisse, una de las poblaciones importantes de la isla, con sus casas planas y blanqueadas que contrastan tanto con el color oscuro del paisaje volcánico, es un maravilloso contraste de tonalidades. La playa de Famara no nos defrauda, es una playa muy, muy larga accediendo a ella por unas dunas de arena que le dan un aire salvaje muy especial. El agua estaba muy brava pero aprovechamos para darnos un divertidísimo baño, saltando las olas que los numerosos surfistas se empeñaban en desafiar. Nos parecen curiosos los montículos construidos con paredes semicirculares de piedras en la arena para protegerse de manera natural del viento al tomar el sol.

Tras un paseo por la playa nos preparamos para la vuelta para descansar.
El TERCER DÍA EN LANZAROTE
El tercer día decidimos visitar el Parque Nacional de Timanfaya o Montañas de fuego, nos dirigimos lo más pronto que pudimos ponernos en marcha hacia el Centro de Interpretación Mancha Blanca que marca el inicio del Parque. Es un centro de información sobre volcanes y la formación del parque, se ve gran afluencia de visitantes y nos informan de largas colas ya para el acceso por lo que sin parar demasiado decidimos encaminarnos hacia el inicio del recorrido.
Continuamos nuestro acceso al parque y ya por la carretera vamos observando como el paisaje se va volviendo más oscuro y agreste,, con rocas volcánicas de gran tamaño y lava solidificada. En el acceso nos informan de la espera de 90 minutos y a pesar de ello, decidimos continuar. En la espera vamos avanzando despacio y observando los distintos personajes, que no fauna autóctona, que bajan de los coches para adentrarse por las rocas volcánicas, sin tener en cuenta las recomendaciones y el sentido común.
Cuando llegamos no tardamos en subir a uno de los autobuses que hacen el recorrido de los volcanes, cogemos asientos en el lado derecho, tal y como nos habían recomendado y empezamos a disfrutar del paisaje, impactante, insólito, sin parecerse a nada de lo que hayamos podido ver antes. El recorrido tiene una audioguía que va contando la formación del parque tras las erupciones que duraron 6 largos años, entre 1830 y 1836 y dieron lugar al aspecto actual del parque. En el recorrido se pueden observar los cráteres de varios volcanes, así como zonas que bien podría ser un paisaje lunar inerte, sin restos de vida o un desierto de arena gris, especialmente el espacio llamado «Valle de la tranquilidad», en este valle realizan los astronautas pruebas de preparación, y es que según parece su nombre se debe a la similitud con el valle del mismo nombre donde aterrizó el Apolo 14 . No hay apenas rastro de vida, solo alguna pequeña planta crasa, algún liquen o pequeño lagarto que desafía la dureza de las condiciones ya que nos informan que se producen oscilaciones de temperaturas entre el día y la noche de 20 grados. Las sensaciones son maravillosas porque es una experiencia totalmente insólita que merece la pena.

Tras el recorrido del autobús paseamos por la zona, llegamos a tiempo de ver la demostración del géiser que da algún susto a los visitantes. Visitamos el Restaurante «El asador del Diablo» donde podemos ver cómo se encuentran asando unos pollos al calor del volcán, lo que resulta francamente curios, ya tras pasar por la zona de recuerdos decidimos continuar nuestro viaje.
Comemos en el Restaurante «Mirador de las salinas» con la vista de las Salinas de Janubio, degustando un riquísimo arroz caldoso y unas gambas a la sal. Muy recomendable su exquisita tarta de limón.

Tras la comida nos acercamos por carreteras que cortan a un lado y otro las coladas de lava del pasado pero que no deja de impresionarnos por ese paisaje lunar que no nos abandona en el día de hoy. Llegamos así la zona que llaman «Los Hervideros» pequeños agujeros que el mar ha formado en la lava que llegó hasta allí y que hace que este ruja como si lo hiciera hervir. Las formas son espectaculares, un lugar para fotografiar y disfrutar con el sonido del mar de fondo. Tras esta última visita decidimos volver para descansar y preparar el siguiente día.

CUARTO DÍA EN LANZAROTE.
Este cuarto día decidimos visitas el cráter del volcán «El Cuervo» cerca de pueblo de Yaiza. En el camino conocemos la zona de La Geria, con sus numerosos viñedos y las curiosas construcciones para que puedan resistir las inclemencias de esta climatología. Descubrimos algunas de las bodegas más famosos que hemos visto en nuestra visita a Lanzarote como «El Grifo», aunque al no ser especialmente aficionados al vino no decidimos visitarlas.
Nos dirigimos al parking y ya observamos también afluencia de gente aunque no nos cuesta encontrar un aparcamiento. Al bajar del coche echamos un vistazo al paisaje y a un lado y otro podemos ver la huella de la lava volcánica alrededor como un mar con olas petrificadas que se quedaron quietas en pleno movimiento. El paisaje es muy sobrecogedor. A lo lejos se divisa el cráter y el cono del volcán » El cuervo» donde se produjo una de las primeras erupciones de la etapa volcánica del Timanfaya en 1730. Su acceso, cómodo, llano supone un paseo apto para todos los públicos por un sendero que nos va acercando poco a poco, dando cuenta de su gran inmensidad, a pesar de no tener un tamaño excesivo. Al acceso a su cráter se llega por una senda que recorre su perímetro al borde de las paredes de lava y pequeñas rocas erosionadas hasta llegar a una abrupta rotura por donde en su día debió de salir con fuerza la lava acumulada en su interior. Dentro del cráter las sensaciones son intensas, no pareces estar dentro de un volcán, su apariencia es como un circo de montaña, el terreno es liso, y algunas plantas resistentes han logrado sobrevivir pero en las paredes puedes observar los restos de las rocas volcánicas y los diferentes piroplastos acumulados. El sendero exterior continúa dando la vuelta a todo el perímetro del volcán pero nosotros no decidimos realizarlo.

De nuevo volvemos sobre nuestros pasos para dirigirnos al coche de nuevo. El flujo de visitantes, observamos es incesante lo que no impide disfrutar de las sensaciones que produce este inmenso mar de lava.
Nos dirigimos a continuación para visitar las Grietas Volcánicas de Lanzarote, entre el pueblo de Tías y San Bartolomé. Estas curiosas formaciones geológicas nos dejan gratamente sorprendidos. Están a la derecha de una carretera en la ladera de una montaña, «El Volcán de la Montaña Blanca». Según leemos se forman por el enfriamiento de la lava con el contraste de la roca que la soporta. Podemos acceder dentro de ellas y producen una sensación de estar en el interior de la tierra, lo más parecido a entrar en una lengua de lava fría, pudiendo verse los distintos estratos de lava de las sucesivas erupciones. La experiencia nos parece una maravilla que no hay que perderse en la visita a Lanzarote.

Continuamos nuestra ruta hacia el sur, camino de esta otra zona de la isla. Nos dirigimos al Puerto del Carmen para comer. Esta población contrasta con las poblaciones de la zona norte que habíamos visitado, es más turística, bulliciosa y con numerosos negocios enfocados al turismo inglés e irlandés. El restaurante que habíamos visto, «El cangrejo Rojo» lo encontramos cerrado, de lo que nos alegramos ya qu el aspecto exterior no nos convence a pesar de las buenas opiniones vistas. Tomamos una segunda opción cerca de allí, y decidimos comer en «La Cascada», con un escaparate de impresionantes carnes en su exterior. El local resulta ser un local especialmente acogedor, con una fresca decoración, con muy buen gusto que hace que merezca la pena visitar hasta los baños. La comida tampoco nos defrauda.
Tras la comida decidimos continuar nuestra visita a la playa del Papagayo de la que tanto nos habían hablado y que se encuentra en la zona sur de la isla. Para su acceso es necesario abonar 3 euros ya que se encuentra dentro de un Espacio Natural protegido, accediendo por una pista de tierra que nos lleva a un parking muy concurrido donde casi sin darnos cuenta somos testigos de un pequeño tornado que nos deja sin habla pero que provoca luego nuestras risas y donde Raquel «descubre su verdadera familia de origen».

Lasa vistas de la playa son espectaculares, son pequeñas calas formadas por rocas volcánicas que confluyen y se comunican por el mar. Descendemos y buscamos una pequeña calita con arena muy muy fina y disfrutamos de un agradable baño, sin muchas olas pero en un agua transparente que desde la altura le da un color azulado verdoso tan característico.
En la subida y tras recoger todas estas vistas en numerosas fotos nos tomamos algo en la terraza para seguir disfrutando de este impresionante paisaje.

Este quinto día decidimos visitar el Pueblo de Teguisse, una villa que está declarada uno de los pueblos más bonitos de España. Destacan sus casitas blancas típicas isleñas. Visitamos la Iglesia que nos sorprende por su arquitectura sencilla con paredes blancas muy diferente de lo que conocemos de la Península. Observamos que es un pueblo turístico con numerosos visitantes y muchas tiendas de recuerdos de artesanía de la isla. El pueblo se encuentra muy unido a la historia de la piratería de la isla, narrando varias sangrías, matanzas y hazañas sobre la defensa de la isla en alguna de sus calles como el “callejón de la sangre”.

Visitamos los alrededores y disfrutamos del paisaje con las diferentes tonalidades rojizas y negras de las que la actividad volcánica ha impregnado la isla.
El sexto día decidimos disfrutar de un día de playa y lo hacemos en Arrieta pueblecito marinero con una amplia playa con fina arena. El agua está cálida lo que hace un baño agradable, con numerosas olas pero sin peligro para el baño. Aprovechan para asistir a un curso exprés de primeros auxilios.
Para comer nos acercamos al pueblecito de Punta Mujeres, pueblo con aire muy marinero también y muy cuidado, con sus casitas blancas y sus puertas y ventanas azules o verdes. Comemos en el Restaurante “Restaurante Tahoyo” una rica, rica comida casera, con mucha paz y tranquilidad, todo muy familiar. Damos un paseo tras la comida por la zona costera y descubrimos unas piscinas naturales de agua de mar donde se estaban bañando. Paseamos por un mar de lava que se introduce en el mar, con refugios de enormes cangrejos . El panorama del pueblo resulta muy bonito.
